viernes, 18 de octubre de 2013

Un último deseo *Original, Cuento Corto*

Bueno, luego de un largooo rato sin publicar nada aqui les traigo un pequeño escrito que hice para un concurso. No gane por si a alguien le interesa saber, jajajaja. Pero bueno, a mi en lo personal me gusto como lo hice, y por eso decidi compartirselos. Espero que les guste porque a mi me encanta la idea.





Siempre había creído que su existencia era un desperdicio pues no tenía un propósito ni una razón de ser. No poseía una familia, y ya ni siquiera era dueño de su propia vida. Era alguien que solo ocupaba un lugar en el espacio, alguien que pronto sucumbiría por el peso de sus crímenes.

¿Debía temer a la muerte? Si, debía, pero no era así. Todo lo que sentía ahora era impaciencia porque llegara, nada más. Ya no veía la hora para que esto terminara de una buena vez.

Un sonido metálico y pesado rasgó violentamente el silencio, provocándole un sobresalto. Voces y pasos le siguieron segundos después, anunciando que unas personas habían entrado al pabellón donde los tenían encerrados a él y a otros. Dedujo que eran tres, de los cuales a dos reconoció como los guardias que se encargaban de vigilarlos. A sí mismo, también creyó saber hacia dónde se dirigían, a quien buscaban y con qué propósito.

Bajó la cabeza, fijando su mirada en el piso de su celda. Ya podía adivinar la identidad del invitado, y siendo honestos, no se encontraba de humor para tratar con él, mas aun después de que se había mostrado tan reacio a recibirlo horas atrás.

La puerta de su prisión se abrió con un ruido parecido al que había escuchado momentos antes, solo que esta vez fue muchísimo más fuerte por la cercanía.

No se levantó del catre donde estaba sentado para recibirlos, ni elevó los ojos o dijo palabra alguna.

--¡Hey!—exclamó uno de los cuidadores, ese que era especialmente cruel con su persona, luego de un largo momento de silencio. — ¡Muestra algo de respeto a un hombre de Dios!

Una media sonrisa apareció en sus labios. ¿Hombre de Dios? ¡Ja! Seguramente aquel clericó estaba más podrido que él mismo.

--¿Por qué debería darle la bienvenida a alguien a quien no pedí que viniera?—inquirió con simpleza, sin mirarles.

--Porque así lo decretan. —le contestaron, haciéndole soltar una risilla ahogada.

--¿Te parece que soy alguien que sigue tus tontas leyes?—preguntó divertido, ahora levantando el rostro. Clavó sus pupilas primeramente en los guardias, callándolos con ellas.

--No necesite a Dios antes—dijo, antes de posar su atención en el gordo y pequeño Padre—No lo necesito ahora. Así que, hágame un favor y lárguese, su Excelencia. —Hizo un gesto despectivo con la mano, y después volvió a esconder las ventanas de su alma.

El clericó habló entonces, con una vocecita que buscaba conmoverlo. Pedía que no se cerrara de esa manera, que todos sin excepción necesitamos al Padre Celestial… Simples ruegos que eran menos que basura para él. Así que hizo oídos sordos, incluso cuando los guardias empezaron a reprenderle. ¿Por qué lo regañaban? Él solo hacia lo mismo que le habían hecho tiempo atrás, en la época en la que todavía era un pequeño e ingenuo niño que aun creía en ese patético Dios al que decían servir.

Después de un largo rato por fin se rindieron, entendiendo que no importaba lo que hicieran no les iba a escuchar. El Padre soltó un suspiro de derrota, antes de retirarse con los carceleros, dejándole nuevamente sumido en sí mismo. Sin embargo espero un poco mas y no se sintió tranquilo otra vez hasta que oyó el golpe metálico que hacia la puerta principal al sellarse. Entonces se recostó con lentitud en el estrecho catre, boca arriba y con su antebrazo descansando sobre sus ojos. Exhaló ruidosamente.

Estaba muy cansado, tanto, que ya quería a que fuera mañana para poder dormir y no despertar. Porque si, eso era lo que la muerte te hacia: Te cantaba una canción de cuna tan dulce que no deseabas volver a abrir tus ojos jamás. Por algo era conocida como el sueño eterno, ¿No?

Sin ser realmente consciente de lo que hacía, empezó a tararear una canción, una cuya letra no recordaba pero que siempre venia a él cuando iba a acostarse. Nunca pudo recordar de donde la había escuchado, aunque si sabía que debió de ser en boca de alguna mujer. La melodía era demasiado suave como para haberla oído en los tabernas llenas de ladrones y asesinos donde había pasado la mayor parte de su vida. Por un tiempo, se le antojó pensar que la había adoptado de su anónima madre, mas con el pasar de los años termino desechando esa idea. Le parecía más factible haberla escuchado de alguna prostituta que tenía un hijo, pues en algunas ocasiones le tocó dormir con algunas que tenían niños en la casa.

No supo cuanto estuvo quieto, perdido, pero fue lo suficiente para arrullarse y dejar de tararear. Quizá durmió, aunque no recordaba hacerlo de todos modos. Solo sabía que había oído que la entrada principal se había abierto otra vez, y que pasos que se dirigían a él resonaban con fuerza en el pasillo de piedra.

Lentamente se incorporó, estirándose un poco. Se frotó luego la cara con las manos, y después se sentó en el borde del viejo colchón.

La puerta de su celda comenzó a abrirse, y él se puso de pie. Su mirada se cruzó con la de los celadores, quienes se comportaban como siempre, indiferentes de la razón por la que estaban ahí.

--Ya es hora. —dijo uno de ellos, haciéndole asentir con tranquilidad.

Cautelosamente se acercó a los dos, y cuando estuvo lo suficientemente cerca extendió los brazos hacia adelante, viendo los oxidados grilletes que tenían y escuchando el tintinar que hacían. Sintió pronto el frio característico del metal, al igual que la incómoda presión que aplicaban sobre sus muñecas.

Con un guardia a cada lado caminó hacia la salida, dejando atrás su prisión, el lugar más parecido a un hogar que alguna vez tuvo.

En silencio, sumergido en su mente, avanzó por pasillos que solo había recorrido una vez, y que nunca volvería a pisar en esta vida. Siguieron andando hasta llegar al patio, donde la plebe le recibió con gritos y maldiciones, ansiosos porque comenzara su espectáculo de sangre.

Le hicieron subir al improvisado escenario de madera, donde se encontraba la maquina a la que tanto temían sus iguales. Esperó un poco detrás de ella, observando como los últimos detalles eran arreglados.

Y entonces le vio.

Había sido por mera casualidad, por desviar su atención de forma distraída hacia el bosque más allá. Jamás había visto a alguien más bello, más perfecto…

--¿Un último deseo?—preguntó una voz, tan irreal pero al mismo tiempo tan terrenal que no supo si era producto o no se su imaginación.

--Si…—respondió en un susurro, viendo como aquel ángel de cabello exótico desaparecía entre las ramas bajas de los arboles.

Sonrió con dulzura.

--Quisiera el aroma de ese chico.








¿Que tal? ¿Les gusto? Se que el final esta algo (bueno, bastante) raro pero... ¿Que opinan? 

jueves, 15 de agosto de 2013

La historia del joven e ingenuo poeta que se enamoró de un demonio. *Original, Cuento Corto*

Bueno, bueno, hace tiempo que no publico aqui, y vengo con una pequeña historia que hecho a su vez para otra historia (?) Digamos que es lo que explica todo de un relato mas grande, por lo que si les parece que no tiene sentido o que no tiene un final, es por eso.  Solo queria compartirles el pequeño escrito por el que se dio la historia mas grande ^o^ De ante mano, pido disculpas por los errores de ortografia y redaccion, ya saben lo mala que soy respecto a ellos.







Hace tiempo, en un lejano y olvidado lugar, existió un joven e ingenuo poeta. Él no era considerado un genio—y muy probablemente no lo fue—, sin embargo, era muy diferente a otros maestros de las letras. ¿Por qué? Sencillo: Porque él escribía acerca de todas las cosas. Podía ver lo que llamaban la belleza y la fealdad en un mismo plano, amando ambas caras de la moneda. Era una cualidad que sus semejantes contemporáneos no poseían, y eso le hacia único.

Cierto día, mientras caminaba en búsqueda de lo que para muchos tiene nombre de musa, se topó con un sendero que de alguna manera había escapado a sus ojos curiosos. Confundido, y sintiendo una extraña sensación en su pecho, siguió aquella senda, llegando a un extraño y hermoso paisaje. Nunca en su vida había presenciado algo como aquello, y por eso, quedó fascinado. Pero, a diferencia de lo que se podría pensar, aquel lugar no estaba desierto. El poeta vio que un par de metros alejado de él había una criatura de aspecto singular, sentada sobre una roca, mirando el cielo. Él supo de inmediato que estaba en presencia de un ente que no era de este mundo, pues de la espalda de aquel ser viviente podían verse unas enormes y majestuosas alas negras. Muy dentro de su cabeza sabía que era, y sin embargo, eso le hizo encontrar aun más bello aquel espíritu. Sin saberlo, se había enamorado a primera vista de un ángel demoniaco. El poeta no perdió tiempo, y con pasos ligeros, caminó hacia aquella criatura. Le llamó suavemente, y se presentó. Al terminar de decir su nombre, preguntó si aquel lugar le pertenecía, y si ese era el caso, quiso saber si le daba su permiso para quedarse ahí. El ser del inframundo en un principio no hizo más que mirarle con cierta confusión, mas después, le sonrió, y le contesto que podía estar en aquel jardín todo lo que quisiera. El poeta entonces tomó asiento a un lado del ángel caído, y sacó pluma y papel. Aquella tarde escribió uno de sus mejores versos, y por esta razón, creyó que se debía a la presencia del ángel del inframundo. Así que, motivado por aquel pensamiento, comenzó a ir a aquel extraño jardín, buscando la inspiración que le regalaba el ente del infierno. Nunca conversaron, al menos, no directamente. Era una extraña relación, una que no todos podrían comprender.

De esta forma, pasaron unas semanas, hasta que cierto día, el poeta no pudo encontrar a su musa demoniaca en aquel sitio. El poeta le buscó por todo el estanque, pero no fue capaz de encontrarle. ¿Que había pasado? ¿Por qué le había dejado? No lo sabía, y jamás lo supo. Destrozado por la desaparición de su musa, ya no pudo volver a formar versos, pues ahora, se obsesionó con encontrar a su ángel del inframundo pues ya no era capaz de vivir sin aquel ser. Por mucho tiempo trató, y trató, sin éxito. Pero, un día, y casi al igual que aquella jornada en la que encontró el camino que le llevó a su destrucción, se dio cuenta de que la respuesta estaba frente a sus ojos. Tardaría tiempo, lo sabía, pero aun así, depositó toda su confianza en aquel último recurso. Tal vez, si el Dios en el cual ya no creía le escuchaba, podría ser capaz de verle nuevamente. Así que entonces, tomó un cuchillo, y lo enterró en su corazón de petirrojo.










Como ya dije, es como el climax de una historia mas grande. Me atrevo a decir que es un fragmento, hehe. ¿Que les parecio? ¿Muy copia de otro que ya  habia hecho? Quiza, quiza (y con eso digo que si, jeje)... Anyway, ¿Merece comentarios?

martes, 2 de abril de 2013

Re-Birthday *A Yu-Gi-Oh! Oneshot; Puzzle/Blindshipping (Atem/Yami x Yugi)*

Primero que nada, esta cosa tiene mega-spoilers del final de la serie, asi que si no se quieren enterar mejor no lo lean hasta que lo vean. Ahora asi: 

Ahh... pues bueno, no se como salio esto siendo honestos... digamos que fue una convinacion de un fanfic raro que lei, una idea que me habia encantado, y una cancion que no tiene nada que ver con esta ultima...

Como sea, tenia que escribirla mientras la musa estaba asi que.... espero les guste ^^

P.S Aclaraciones al final de la historia.

P.S 2 Lamento errores de ortografia y de redaccion.






No tenía miedo, aun a pesar de estar frente a sus dos miedos más profundos: la oscuridad y el estar solo. Sin embargo, en ese momento, no era consciente de esto. Todo lo que ocupaba su cabeza era un solo pensamiento, uno que lo había acompañado durante todo aquel último año, y que era la única razón por la que todavía respiraba…

De pronto, una antorcha se encendió, seguida de otra, y otra, iluminando ahora el largo corredor de piedra. Por unos segundos, los recuerdos de él y sus amigos andando por ese sitio inundaron sus ojos, haciendo que su corazón se comprimiera y un nudo en su garganta apareciera. Por esos instantes olvido porque estaba ahí, y el llanto quiso salir a flote, tal y como lo hacía cada vez que convocaba alguna memoria referente a él

“Yugi” creyó escuchar que alguien le llamaba, haciéndole volver de golpe a su realidad, apartando sus recuerdos.

Apretó un poco sus manos contra su pecho, y asintió. Tenía que apresurarse, no quedaba mucho tiempo.
Con pasos veloces, seguros, ruidosos, avanzó por el antiguo pasillo, hasta que por fin llegó a aquella gran sala, donde hacia exactamente trescientos sesenta y cinco ciclos había tomado lugar la batalla ceremonia.

Nuevamente su cabeza se lleno de alusiones viejas, mas no por eso menos dolorosas y vividas. Sin embargo, esta vez no dejó que pudieran más que él, porque sabía que pronto ya no le lastimarían, ni a él mismo, ni a…

Sus ojos se clavaron entonces en la gran puerta con el ojo de Horus tallada en ella, y sin quitarle la vista de encima, fue hasta ella, ignorando todo lo que había a su alrededor pues los detalles eran algo que no le interesaba en lo más mínimo en ese momento.

Quedo frente a la sagrada entrada, y cerró sus parpados, sintiéndose algo intranquilo e impaciente.

De manera inconsciente su mano izquierda se dirigió a uno de sus bolsillos, buscando algo, apretándolo una vez que lo encontró.

Ya podía imaginarse lo que vendría después de esto. Casi le era posible ver a sus amigos llegando precipitadamente a este lugar, asombrándose de verlo completamente reconstruido a pesar de que se había derrumbado frente a sus ojos. Por un momento creyó escuchar sus pasos acercándose con rapidez, y las exclamaciones de dolor al encontrarlo frio…

Y sin embargo, no sentía culpa de nada, sino todo lo contrario. Realmente era un egoísta... pero… él siempre se había preocupado por los demás, ¿No podrían perdonarle el que en esta ocasión pensara solo en él?

Un fuerte ruido entonces le sobresalto, y le hizo apartar su mano de aquella nota en la que explicaba a sus seres queridos el porqué estaba haciendo esto, y donde pedía mas de una disculpa a todos…

Dio un paso hacia el frente, y luego dio otro, dejando atrás para siempre el mundo de los mortales.

Sintió como su espíritu caía, y entonces, algo le sostuvo, algo cuya calidez conocía bastante bien…

Sus ojos se abrieron entonces, dejándole ver nuevamente a la persona que mas amaba.

Atem le sonrió.

--Bienvenido a casa, Yugi.













Si... esta raro.... Bueno, la idea del transfondo es que un año despues de la batalla ceremonial, Atem (osease Yami) le dice de alguna manera a Yugi (ya sea por un sueño, o tal vez por Ishizu, o incluso el mismo la ultima noche que pasaron en el barco) que cuando se cumpla un año podran volver a estar juntos, mas sin embargo, él no pude volver, por lo tanto, Yugi tiene que morir para que esten unidos nuevamente... Yugi no le dice nada a nadie, y va, por eso la carta de despedida y le disculpa...

Y es que, Yami es siempre el que vuelve pero... ¿Y si ni siquiera los dioses pueden traerlo de vuelta a la vida? Ahi es donde pienso que Yugi entonces tendria que morir para que se vuelvan a encontrar....

Y sobre la imagen, mas o menos la ultima escena esta inspirada en ella. La encontre con una anotacion al final que decia "Welcome home" (y segun Atem se lo decia a Yugi) y pues.... diablos, me encanto.

Ah.... estupida cancion de Re-Birthday (de Len Kagamine) ya me hizo pensar cosas raras.... 

Como sea, ¿Que les parecio? ¿Muy estupido? ¿Muy suelto? Cualquier critica es bien recibida ^^

¡Gracias por leer!




martes, 12 de febrero de 2013

Praying For A Riot *Original, Cuento Corto*

Pues bueno, esto lo acabo de terminar y pues... es bastante curioso que saliera con esa cancion... La idea no es del todo mia, agradezco a un comentario de un video que me inspiro a hacerla con esta cancion asi que... 

No hay mucho que decir, la historia sola lo dice todo, espero les guste ^^

P.S Errores de redaccion y de ortografia espero me los puedan perdonar.

P.S 2 La cancion es Praying for a riot de 30 seconds to mars, inclui las lyrics en la historia.







Los gritos y llantos de la gente a su alrededor taladraban sus oídos, junto con los sonidos de las armas y los cañones disparando.

Su casa temblaba de forma horrenda. Las fotos y pinturas que había en las paredes caían y se rompían ruidosamente, al igual que los platos y vasos en la cocina. Pronto su hogar ya no sería un lugar seguro, lo sabía. Tenía que irse de inmediato si quería vivir.

Se levantó del sillón color crema en el que estaba sentada, y fue hasta el librero que tenía enfrente, el que había estado mirando fijamente horas antes de que el infierno se desatara. Busco a ciegas el libro, y cuando sus dedos tocaron esa superficie rugosa que tanto conocía, lo sacó de su lugar y lo abrazó a su pecho.

Otra bomba, otro temblor. Era hora de irse.

Sin mirar atrás, sin detenerse a recoger otro recuerdo, salió corriendo de la casa que alguna vez la vio crecer y reír, y que ahora se quedaba sola y abandonada, viéndola huir de la guerra.


She walked outside
Among the men
Finding me
Your last…


Afuera, el horror en todo su esplendor estaba presente. El olor a carne quemada y sangre invadió su nariz, y el calor del fuego acariciaba su piel de manera brusca. El cuadro frente a ella era indescriptible e incomprensible para su mente. Las casas de sus vecinos, la calle, el parque más allá y la tienda de aquel amable anciano ya no estaban. En su lugar había pilas enormes de escombros, donde en algunos descansaban los cadáveres de gente cuyo rostro no reconocía, y que desde ese momento, jamás olvido.

De nueva cuenta una explosión la trajo de vuelta, y aun a pesar del miedo que la invadía, obligó a sus piernas a moverse.

Corrió por las aceras destrozadas, tratando de ignorar el dolor que se hacía presente en las plantas de sus pies desnudos, junto con la cálida sensación de la sangre tibia avanzando por las mismas.

Estaba desorientada. No sabía hacia donde estaba huyendo, y, muy en el fondo de su ser, no le interesaba. Solo quería alejarse de ese infierno, irse y no volver jamás.

Algo caliente la empujó violentamente hacia adelante, desequilibrándola y aturdiéndola por completo. Cayó de bruces al piso, lastimándose la cara y el pecho con los vidrios rotos que había en el camino. Dejó salir un quejido lastimero, y rápidamente trato de volver a incorporarse. Su vista se encontraba desenfocada, y su cuerpo temblaba.

Con esfuerzo logró ponerse de pie nuevamente, y, cojeando de su pierna izquierda, volvió a ponerse en marcha. En ningún momento había soltado el libro que tenía entre sus brazos.


Ten million miles
Her way was close
To her inside…


El dolor se hacía más fuerte con cada segundo, con cada paso, y por más que trato de no prestarle atención, llego a un punto en que el mismo la obligó a caer de rodillas para descansar.
Las lágrimas que había estado aguantando también pidieron ser liberadas, y ahí, en medio de un charco de sangre y lodo mezclados, las derramó.


Can't you see her life is broken?


No lo hizo por sus heridas, no lo hizo por su bello vestido blanco arruinado, ni siquiera era por ella misma. No, ella lloraba por sus amigos perdidos, por aquellos soldados anónimos que vinieron a morir aquí, por su esposo que había desaparecido en combate…

Sin saber cómo, se arrastró hasta una pared destrozada, y se recargó en ella. Ahí siguió llorando un momento más, hasta que el ruido del libro cayendo al piso la interrumpió. Con sus manos temblorosas y sucias se apresuró a recogerlo, y cuando lo hizo, una hoja se deslizó fuera del mismo.

Sabía lo que era, lo sabía muy bien, ella misma la había escondido en aquél tomo de pasta dura y vieja…

Recogió el trozo de papel, dejando frente a sus ojos la foto de un hombre bastante apuesto, vestido de negro, sonriendo, mientras abrazaba de la cintura a una joven risueña, de cabello negro y ojos azules.

Sonrió con tristeza al recordar el día de su boda con él, y más lágrimas recorrieron sus mejillas al saber que esos días felices jamás volverían.

Abrió de nueva cuenta el libro, y acomodó cuidadosamente la foto en él. Sin embargo, mientras lo hacía, algo negro detrás de aquella fotografía que no recordaba llamo su atención. Volvió a sacarla, y la observó mejor, dándose cuenta de que era algo escrito con la letra de su marido:


Turn back, believe. Nothing is over, my love.


Cerró sus ojos, sonriendo, mientras apretaba suavemente la foto entre sus dedos. Se secó las lágrimas que aun tenía en su rostro, y asintió.

Guardo la foto en el libro, y, lentamente volvió a ponerse de pie.

Estaba adolorida, perdida, sola, triste y desorientada pero… aun estaba viva.

--Nada ha terminado—susurró, avanzando hacia donde el destino quisiera llevarla, soñando con que fuera hacia los brazos de su esposo sonriente. 








Bastante rara, lo se pero... ¿Que les parecio? ¿Merece comentarios?